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El reflejo que se fue · Capítulo 1
CAPÍTULO 1
El espejodel bañoEl espejodel baño
«Y si algún día tu reflejo se va primero, no lo regañes. Síguelo».— LA ABUELA
El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

La ciudad nunca se callaba.

A las siete de la noche, desde la ventana del camión, Cris la oía entera: los cláxones peleándose en el semáforo, el silbido del camotero, un perro que le ladraba a una moto como si la moto le debiera dinero.

Olía a pan recién horneado y a lluvia que todavía no se decidía a caer.

Cris pegó la frente al vidrio. Estaba frío. Afuera, cientos de personas caminaban mirando sus celulares, todas con la misma cara de «voy tarde». Ninguna levantaba la vista.

«Si me volviera invisible», pensó, «nadie se daría cuenta».

Y luego se rio solo, porque le pareció un buen chiste.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

Ese día, en la escuela, había imitado al director tan bien —⁠la panza para adelante, la voz de trompeta, el «¡jóvenes, jóvenes!»— que hasta la maestra Lupita tuvo que voltear al pizarrón para que no la vieran reír.

—⁠Eres un payaso, Cris —⁠le dijo Memo, llorando de risa.

—⁠Gracias, gracias. Firmo autógrafos a la salida.

Pero en el recreo, cuando la maestra se le acercó y le preguntó bajito «¿Y tú cómo estás, Cris? Te noto cansado», él sintió algo apretado en la garganta, como cuando uno se traga un chicle sin querer.

—¿Yo? Bien, maestra. Bien bien. Bien al cuadrado.

Ella sonrió, pero no del todo.

Cris se enrolló la punta de la bufanda en un dedo y se fue corriendo a jugar futbol.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

La bufanda se la había tejido su abuela.

Cris se acordaba de ese verano en su casita del pueblo: el crrr, crrr de la mecedora, el olor a frijoles de olla, el agua de jamaica con hielo, el calendario que nadie había cambiado desde marzo.

En el pasillo había un espejo viejo, con un marco de madera oscura, gastado de tantos años. La abuela decía que era más viejo que el pueblo, y a veces, al pasar, lo saludaba con la cabeza, como a un vecino.

«Así se queda el tiempo en las casas de las abuelas», decía ella. «Quieto, pero bonito».

Su abuela sabía cosas. Sabía cuándo iba a llover antes de que hubiera nubes. Sabía, por teléfono, cuándo él estaba triste, aunque dijera que no.

El último día le enredó la bufanda en el cuello. En la punta, con hilo amarillo, había bordado su nombre: CRIS.

—⁠Para que nunca se te olvide quién eres —⁠le dijo. Y luego, bajito, muy seria⁠—: Y si algún día tu reflejo se va primero, no lo regañes. Síguelo.

Cris se rio. Las abuelas dicen cosas rarísimas.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

El departamento olía a sopa de fideo recalentada y a suavizante de ropa. En el refri, con un imán de piña, había un recado con la letra redondita de su mamá:

Hay sopa. No te duermas tarde. Te quiero hasta la luna. Mamá.

Su mamá era enfermera y esa semana le tocaba de noche. Su papá estaba dormido en el sillón, con los zapatos puestos y la tele hablando sola de futbol. Roncaba despacito, como un motor de juguete.

Cris le quitó los zapatos (uno olía a queso, pero eso no lo iba a anotar en ningún lado) y lo tapó con la cobija de cuadros.

—⁠Buenas noches, papá.

—⁠Mmmh… buenas noches, campeón —⁠murmuró su papá, sin abrir los ojos.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

Cris se comió la sopa directo de la olla, tibia y saladita, y se fue a su cuarto con el celular.

Videos. Uno de un gato que se caía de una mesa. Otro de un señor que se caía de una bici. Otro de un gato que se caía de una bici.

Cris se reía en la oscuridad, con la cara azul por la pantalla, rodeado de notificaciones que brillaban y se apagaban como luciérnagas, hasta que el celular le calentó los dedos y le avisó: 3 % de batería.

La pantalla se apagó y el cuarto se quedó en silencio.

Un silencio raro. Pesado. Como cuando alguien está a punto de decir algo importante y no lo dice.

Cris escuchó su respiración. El tic tac del reloj de la cocina. El refri zumbando como un abejorro gigante.

«Mejor me lavo los dientes», pensó. «Rápido».

El baño era chiquito y blanco, con un azulejo que tenía una grieta en forma de rayo. El foco del techo zumbaba —⁠bzzzzz⁠— y parpadeaba de vez en cuando, como si le diera flojera estar prendido.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

Sobre el lavabo estaba el espejo de la abuela, el del marco de madera. Había llegado del pueblo hacía un mes, envuelto en periódico y con un papelito: Para el baño de mi Cris. Para que se vea bien. «Tu abuela y sus cosas», dijo su mamá.

Cris colgó la bufanda en el gancho de la toalla y abrió el agua caliente. El vapor subió con olor a jabón de coco. La pasta de menta le picó en la lengua, fresca y dulce.

Y como todas las noches, practicó frente al espejo.

—⁠Buenas tardes, jóvenes —⁠dijo con voz de trompeta, sacando la panza.

Su reflejo sacó la panza. Pero tantito tarde. Medio segundo. Como cuando un video se traba.

Cris intentó su mejor sonrisa, la de las fotos de la escuela. Le salió torcida. Por un instante, detrás de la espuma, vio a un niño muy cansado que no se parecía nada al payaso del salón.

El espejo se empañó. Y del otro lado del vidrio, un dedo empezó a escribir.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño
No era su dedo. Él tenía las dos manos ocupadas.
¿QUIÉN ERES?
fiiish
Cris¡Pues el más guapo del edificio! Y del de enfrente.
ESO NO.
CrisOk, ok… Soy Cris. Mi nombre.
¿Y SI SE BORRA?
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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño
CrisEntonces… soy mi cuerpo.
¿EL DE HACE CINCO AÑOS?
Cris¡Soy lo que pienso!
¿Y CUANDO DUERMES?
Cris abrió la boca. No le salió ningún chiste.
¿Y CUANDO NADIE TE VE?
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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño
Él se detuvo. Su reflejo, no.
chiqui-chiqui-chiqui
¡PTUI!
CLINC… ÑIIIIC
Cris¡Oye! ¡Regrésate! ¡Los reflejos no se pueden ir!
Reflejo¿Por qué no?
fuuuuu
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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño
Cris creyó que lo estaba saludando. Pero no. Se estaba despidiendo.
clac
Su reflejo cruzó el baño del otro lado del vidrio y se fue por la puerta de luz, antes que él. Algo suyo se fue primero.
BZZT… BZZT
Cris¡Papá! ¡Mi reflejo se fue!
Su papá nunca, nunca se olvidaba de su nombre.
PapáAy, mijo… eh… ¿cómo te…? Perdón, ando bien dormido.
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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

Cris regresó al baño despacito, contando los azulejos para no tener miedo. Uno, dos, tres… once.

Descolgó la bufanda. Todavía olía a la casita de su abuela: a mecedora, a frijoles de olla, a tarde larga.

Desenrolló la punta.

El bordado decía: _RIS.

La C se había soltado. Un hilito amarillo colgaba, temblando, como si tuviera frío.

Cris sintió frío en la panza, un frío que no venía del piso. Y entonces, como si su abuela se lo dijera al oído, se acordó:

Si algún día tu reflejo se va primero, no lo regañes. Síguelo.

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El Valle de las IlusionesCapítulo 1 · El espejo del baño

Afuera, la ciudad sonaba igual que siempre: un claxon, un perro, la moto. Nadie en todo el edificio sabía que algo acababa de irse por un espejo.

Cris se metió a la cama con la bufanda puesta y se tapó hasta la nariz. No se durmió. Se quedó mirando el espejo del baño por la rendija de la puerta.

Ya muy tarde, la punta de la bufanda se levantó sola, despacito, como cuando entra viento por una ventana.

Y apuntó al espejo.

Allá, en el fondo del vidrio, una lucecita dorada parpadeó una vez.

Como si alguien, muy lejos, lo estuviera esperando.

Fin del capítulo 1

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El reflejo que se fue

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